martes, 4 de febrero de 2014

Pablo Iglesias, el clasismo burgués desenmascarado

El demagogo profesional Pablo Iglesias, conocido por repartir su tiempo entre el ejercicio de progre de guardia mediático y la encarnación de todo aquello que ha hecho de la Universidad española una institución tercermundista, se quita la careta y se descubre como lo que realmente es: un pijoprogre rezumante de prejuicios clasistas.

Redistribución de la riqueza sí, pero no la mía ni la de mis amigos, parece decir Pablito.  Según lo que defiende él mismo (cuando conviene), que los desposeídos se incauten de los bienes de los ricos es un acto de justicia social. ¡Pero ay si él o sus compis son las víctimas! El otrora héroe se vuelve lumpen despreciable.

¿Qué esperabas, Pablito? Un burgués es un burgués, igual si lleva el pelo engominado y un cocodrilo en la pechera, o coleta y una camiseta panfletaria. Vas encaminado con eso de que son de clase mucho más baja que la tuya. Pero una cosa es teorizar sobre la clase trabajadora encerrado en la herriko taberna del campus de Somosaguas, y otra cosa muy distinta es mezclarse con ella.  Te falta un poquito de mundo real para atar todos los cabos.

Yo te lo explico, Pablito, que para eso estamos. No tienen estudios como tú porque no han podido permitirse haraganear diez años para terminar escribiendo un sindiós a cambio de un birrete doctoral. Las clases más bajas que la tuya no saben distinguir entre un burguesito de los buenos como tú y un burguesito de los malos como tu vecino facha. En eso tus compadres de clase de pelo engominado y  polo de Lacoste te llevan ventaja, por aquello de la conciencia de clase. Son pijos y no se avergüenzan de serlo. Tú, en cambio, eres un pijo vergonzante, pero no por ello menos pijo.

Aquí debo introducir una explicación para explicar la terminología progre: donde un progre dice lumpen, léase obrero. Donde dice clase trabajadora, léase niños de papá jugando a los revolucionarios.

Continuamos. Esos que tu llamas lumpen probablemente no escuchen rap, sino bakalao o los Camela,  o cualquier otra aberración. Igual de insoportables que el rap, pero sin llevar matasellado el nihil obstat progre. En lugar de ir a okupas a ver a tus amigos burguesitos disfrazados de los payasos de circo que creéis que somos los hijos de obrero, se gastan 300€ en un plumífero para lucirlo en la discoteca más obscenamente cara del extrarradio de Madrid.

Para rematar, encima baladrón. Deberías haber entonado la copla aquella, que ya que pijo y matasiete, por lo menos que dijeran que eres salao.
Ellos eran muchos menos
y los molimos a palos
porque Dios (o el progreso de la historia, si te parece mejor) ayuda a los buenos
cuando son más que los malos.
El vídeo en cuestión: