viernes, 28 de diciembre de 2012

Médicos ladrones

Celebro que los médicos hagan objeción de conciencia y se presten a atender gratis a los inmigrantes ilegales, de la misma manera que vería estupendamente si fuera el propietario de una tienda de ultramarinos que mi dependiente se dedicara a prestar ayuda a los necesitados. Lo que no vería ya con buenos ojos es que lo hiciera durante su horario de trabajo desatendiento a los clientes, y a mi costa, regalando los productos de la tienda. De la misma manera, los empleadores de los médicos de la sanidad pública somos nosotros, los ciudadanos, y no es un ejercicio individual de objeción de conciencia, sino un robo al contribuyente, que se ve obligado a costear la sanidad a todo el que se presente en España con intención de recibir servicios por la cara. Oigan, señores doctores, si quieren tener la conciencia tranquila no lo hagan a costa de robar al ciudadano, y presten el servicio a los inmigrantes en sus horas libres en su casa, o en su consulta privada, pero no durante las horas que les pagamos todos, en instalaciones que pagamos todos, con material que pagamos todos, y haciendo esperar a pacientes que sí han pagado por recibir esa atención que ustedes regalan tan alegremente cuando somos otros los que la pagamos. Seguramente el dependiente del ultramarinos del ejemplo terminaría despedido, o incluso ante un tribunal por robarle el género a su dueño, por muy noble que creyera el empleado ladrón que es su causa, sin embargo, cuando los delincuentes son funcionarios, y no roban a una persona, sino a millones, perjudicando de paso a los légitimos beneficiarios del servicio, los chorizos incluso se consideran un ejemplo moral. Pues no, oigan, no. Esperemos que la gestión privada de la sanidad acabe con este tipo de estafas al ciudadano, que ya está bien de que la casta funcionarial tenga acceso libre al bolsillo de los trabajadores que les dan de comer.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Armas, Estados Unidos, y España

Después del impacto de la matanza en una escuela infantil estadounidense por culpa del derecho a portar armas -y sin relación alguna con que la madre del asesino estuviera como una chota y le hubiera estado preparando desde pequeño para un hipotético escenario Mad-Max-, empieza a intranquilizarme un aspecto del asunto. En Estados Unidos, a pesar de contar con unas fuerzas del orden dispuestas a defender la seguridad de los ciudadanos a los que se deben hasta las últimas consecuencias, y un sistema legal que castiga severamente a los elementos indeseables, anteponiendo los intereses de los ciudadanos honrados a los del delincuente, los ciudadanos tienen el derecho a llevar armas y a usarlas para defenderse. Entonces, ¿por qué en España, donde las Fuerzas de Seguridad hacen dejación de funciones, el sistema penal está pensado desde la base para beneficiar al delincuente, está prohibido ya no el uso de armas, sino el uso de la fuerza para defender incluso el propio hogar y a la propia familia? El caso estadounidense es debatible, pero el español no deja el menor resquicio a la duda. Si el Estado tiene el monopolio de la violencia, es porque el ciudadano ha delegado su propia defensa en él, pero si el Estado unilateralmente renuncia a proteger al ciudadano, está incumpliendo su parte del contrato social y, por lo tanto, este queda roto y, como consecuencia, el ciudadano adquiere legitimidad para usar la fuerza y tomarse la justicia por su mano. Podemos, ya que estamos, ir un paso más allá, y plantearnos que si el Estado existe como respuesta a un grupo de personas afines actuando en conjunto por un interés común, en el momento que el Estado empieza a dar recursos necesarios de esas personas a terceros, el Estado no sólo no tiene sentido, sino que puede considerarse contrario a los intereses del ciudadano. Estados Unidos es un circo donde el Estado es el domador que mantiene a raya a las fieras interponiéndose entre éstas y el público que, como lleva sus propios látigos, en ocasiones causa accidentes, pero cuando la cosa se ha ido de las manos han podido defenderse por sí mismo de las bestias evitando una tragedia. La semana pasada un desequilibrado se lio a latigazos con los otros asistentes. En España el domador no sólo no detiene a las fieras, sino que va por las gradas maniatando al respetable, y reprochando con unas palmaditas no muy fuertes en el lomo al animal que devora a alguno de los espectadores.

martes, 4 de diciembre de 2012

¡Que nos privatizan la sanidad!

Parece que en Madrid quieren implantar la gestión privada de los centros sanitarios. Y yo digo, ¿y qué? Si me va a costar menos -porque el quid de la cuestión es éste, la idea progre que que el dinero público, como dijo aquella, "no es de nadie", y de ahí esa querencia al despilfarro sin medida del erario público- recibir la misma atención -esto siendo generosos, porque los hechos apuntan a que no es la misma, sino que la atención que ofrece la sanidad madrileña es mejor y más rápida que el resto de Autonomías-, ¿a mí qué narices me importa quién gestione el hospital? ¿Qué proponen los progres entonces? Fácil: imitar el modelo de aquellas Autonomías donde el contribuyente paga tres veces más, para estar en listas de espera tres veces más largas. El problema que le veo al asunto es que, esos sistemas sanitarios tan buenos por públicamente gestionados y por caros, le terminan colocando pacientes a Madrid. Si Madrid se pasara al estupendísimo modelo que demandan los sindicalistas, ¿dónde derivamos los excedentes?

Pero el caso es aprovecharse de la ingenuidad de la gente. Les dicen que les van a quitar la sanidad pública, y todos lo borregos detrás sin siquiera cuestionarlo. Bastaría pasarse por los hospitales de Móstoles, Torrejón, o Valdemoro, de gestión privada, a preguntar si a alguien le han pedido para atenderle otra cosa que no sea la tarjeta sanitaria. O ya puestos por los diecisiete (17) que hay en Andalucía. ¿Algún matón de la mafia sindical podría explicarnos por qué, si en Andalucía diecisiete no son problema, los son tres en Madrid? Recuerda a la banda de la camiseta verde que, habiéndo hecho su señor el ridículo en las elecciones, boicotea la educación de los niños como chantaje político, tratando de imponer de este modo por la fuerza sus exigencias particulares a la voluntad popular expresada en las urnas. Que me lo expliquen: si puedo elegir colegio, se me oferta educación bilingüe, los niños están a la cabeza de los índices españoles, y encima pago menos impuestos, ¿por qué iba a querer cambiar al modelo de otras regiones donde cuesta una pasta de las arcas públicas, por narices tengo que meter a mis hijos en una clase donde sólo tres hablan español, y los niños salen sin apenas saber leer ni escribir? Pues perdonen, pero si es esto, bienvenida sea la destrucción de la educación pública. Pues los de las batas blancas están en lo mismo: cada vez más hospitales, más atención, más libertad para elegir, y más barato, y los liberados de la bata dale que te pego con la matraca de que se cargan la sanidad pública. El día que privaticen el INEM, lo mismo los parados comienzan a cobrar un 30% más de prestación y les encuentran trabajo en tres meses, saliéndole al contribuyente más barato, y no faltaran funcionarios liberados en la calle clamando contra a destrucción del servicio púlico de empleo, y seguramente algún parado pardillo que caiga. Y muchos progres, muchos. De esos que no han pisado una oficina de empleo en su vida, pero el ser usuarios de la sanidad privada y llevar a sus hijos a elitistas colegios de pago tampoco les ha impedido unirse a los chantajistas en su cruzada contra el contribuyente, y los usuarios de la sanidad y la educación públicas, ¿verdad?

Cualquiera que no esté cegado por el fanatismo ve lo evidente, que la sanidad, lo mismo que la educación, no es más que una excusa de la que se vale el PSOE para lanzar a sus mamporreros, tatando de alcanzar por medios antidemocráticos lo que los ciudadanos le han negado. Si Mussolini tenía camisas negras en su Marcha sobre Roma, sus correligionarios del PSM tienen el arco iris, para regocijo de Zerolo: verdes, los maestros; blancas, los de la sanidad; pardas de de roña, los del 15M -indistinguibles en cuanto a estatalismo, antisemitismo y totalitarismo de otros camisas pardas que habia en Alemania en los 30-; y hasta el azul mahón de todos esos que, sin saberlo, salen a defender el modelo laboral franquista contra cualquierintento gubernamental de modernizarlo tímidamente para acercarlo al de los países más desarrollados de la UE.

Como no hay que ser dogmático, estoy dispuesto a reconsiderar mi opinión tan pronto como vea una huelga en Andalucía por los diecisiete hospitales públicos, diecisiete, de gestión privada.